sábado, 3 de mayo de 2014

¿Hay libertad?



Estamos un una sociedad que se dice libre. En un estado que dice respetar la vida, la libertad, la propiedad. El esclavismo hace mucho se acabó, las mujeres tenemos derechos civiles, hay libertad de prensa, libre mercado... pero...¿somos en verdad libres?
Es cierto que el estado debe imponer restricciones al derecho de propiedad sobre nosotros mismos. Sea por fuerza de razón o por que creamos que Dios es nuestro dueño, hay límites, y muchos aceptamos que no podemos hacer con nosotros mismos cualquier cosa.
Pero cuando la libertad es la libertad del pobre para dormir debajo de un puente … o de una madre o un padre para repicar y andar en la procesión, como dicen o sea para trabajar y llevar la casa en jornadas de 20 o mas horas diarias... o la libertad del individuo para aceptar cualquier cosa de una empresa o del estado, uno se pregunta ¿de qué libertad hablamos?
¿Será acaso de la libertad para firmar contratos que lo obligan a pagar impuestos y contribuciones a salud antes de haberle pagado bajo amenaza de no pagarle?
Vamos al fondo de la cuestión. Locke pone los fundamentos de la libertad en la propiedad de uno mismo. En el estado de naturaleza cada quien es dueño de sí mismo. Y por lo tanto no puede ser obligado a trabajar para otro, a ceder sus posesiones a otro. Por ser dueños de nosotros mismos no podemos ser tratados como posesiones, como cosas de otras personas. No podemos ser esclavos sin atentar con un principio natural. Ni siquiera podemos hacernos esclavos por voluntad propia, eso sería ir contra nuestra naturaleza.
Este principio de dignidad arraigado en nuestra conciencia nos lleva a rebelarnos contra toda imposición arbitraria caprichosa o injusta.
Pero desafortunadamente hay que reconocer que una bella teoría como esta choca frontalmente contra una realidad muy distinta.
Primeramente pensemos en el niño o niña. No es libre porque debe hacer lo que sus padres le indican. Lo que la escuela le indica, lo que su comunidad de pares le indica, coerciones a veces incluso en oposición unas con otras.
Llega el adolescente a la edad de la rebeldía pero si se libra de sus padres, cae en las garras de otros amos. Buscando libertad se encadena a sus amigos e incluso a sus propios impulsos descontrolados...quiere ser libre para hacer lo que quiera pero ni siquiera sabe lo que quiere.
Eventualmente alcanza el joven la mayoría de edad y se dicta sus propias normas. Por supuesto no puede cumplirlas pues hay conflicto entre ellas y las de una sociedad no siempre lógica o justa.
Para el adulto prima el principio de supervivencia o de realidad. Hay que firmar cualquier cosa que la letra menuda diga para poder hacer algo, la libertad de que hablamos es la libertad de aceptar la injusticia y el absurdo.
Hablando de absurdos reseño uno más o menos inocuo. Uno llama al 113 en Bogotá y una grabación le informa: “Ud. acaba de elegir la opción, consulta residencial de Bogotá. Si su consulta es diferente a esta tendrá un costo de 300 pesos más ivaQueda uno en corto circuito cerebral tratando de entender.
Hay absurdos serios como el de obligar a un muchacho de 18 años a pagar la libreta militar para poder tener permiso de trabajo cuando para poder pagarla tiene necesariamente que poder trabajar. ¿Cómo se sale de este círculo vicioso?
Si no actúa uno según normas que se imponen para cuidar sobre todo a esos otros mas grandes, las empresas, el estado, se queda sin los servicios, sin el sueldo, sin nada. ¿Acaso puede poner sus propias condiciones en pie de igualdad?
El estado de naturaleza, no idílico sino ya corrompido por la guerra es lo que nos lleva a fortalecer los lazos tribales, o, preferiblemente a crear el estado de derecho, a asociarnos bajo un gobierno. Nada impide que ambas cosas coexistan...
Pero entre el estado de naturaleza y el contrato social, la libertad se pierde.
¿Que nos queda? Pues la libertad interior. No la de Sísifo que acepta subir su roca reivindicando el absurdo, sino la de quien confía en la victoria del espíritu humano cobijado por una realidad que nos supera pero que nos guía y a la larga nos entrega la victoria.

domingo, 30 de junio de 2013

Acerca de" Historia de las misericordias de Dios en un alma" de la madre Laura Montoya


La lectura de esta autobiografía de la madre Laura, primera mujer colombiana declarada santa, depara grandes sorpresas y la mayor de ellas es que con esta declaratoria, se reivindica la imagen de una mujer que no por fundadora dejó de ser una simple maestra pobre y humilde, y quedan muy mal sus opositores en vida, supuestos representantes de Dios en la tierra pero que hicieron quedar muy mal a su representado.
La madre Laura vivió en una época donde imperaban el machismo, el clasismo y el racismo.  Y ella era mujer, pobre, morena y quería a los indígenas… todo hacía prever que llevaría una vida aburrida, gris, miserable. Pero no, por encima de maltratos e injusticias supo encontrar un camino de luz, y descubrió su vocación que fue la de luchar por los indios colombianos, ser su hermana y amiga, salvar sus almas. Esta misión le arrancó lágrimas pero también alegrías y sobretodo la felicidad de saber que estaba cumpliendo la voluntad de Dios, pues Él se lo hizo saber con signos muy claros, !verdaderos milagros!
La autobiografía de la madre Laura Montoya es un documento que impacta por su sinceridad y por la grandeza de espíritu que se pone de presente  a través del testimonio de su vida.
La suya fue una época de violencia partidaria. De sectarismo donde el conflicto entre conservadores católicos y liberales ateos o anticlericales daba lugar a actos de intolerancia, guerra sucia y persecuciones  ante los cuales era difícil defenderse. La madre Laura fue perseguida por liberales como el señor Alfonso Castro, como presunta representante de la beatería y por el ultraconservador monseñor Builes, por mujer insubordinada…
Los puestos de trabajo se conseguían gracias a palancas y muchas veces por azar y conveniencia de alguno. Sucedían cosas tan folclóricas como que una chica de 16 años, la entonces señorita Laura Montoya, terminara de directora del manicomio de Medellín, cosa que sucedió hacia el año 1890. Por otra parte, me sorprendió el hecho de que una simple maestra como era ella, pudo hacerse oír en congreso a punta de telegramas pidiendo ayuda para la misión e incluso fue recibida por el presidente de la república doctor Carlos E. Restrepo.
Era difícil acercarse a los indígenas y enseñarles la ley de Dios, como pretendía Laura. Ellos  decían: Tu no enseñar a mí porque yo no tener alma… y con esto creían descorazonarla, pero ella más se empeñaba en demostrarles que si tenían alma y que eran queridos por Dios. Como los antiguos colonos y misioneros  lo habían hecho quedar tan mal, la misión de las hermanas era en primer lugar “hacer quedar bien a Dios” ante ellos. Para esto se acercaban  con humildad y respeto y no poniéndose por encima. Esto era inconcebible una sociedad que veía a los indígenas como animales.
Ellos, con razón,  tenían miedo de que los engañaran una vez más para masacrarlos y despojarlos de sus tierras … la madre Laura se dio cuenta de que no era con violencia y autoritarismo como se podría lograr que los indígenas abrazaran la fe, sino ganándose su amistad, generando confianza, dando testimonio de amor y servicio, poniéndose de su lado.
Se ve que era normal para ese entonces apropiarse de los triunfos de otros cuando esos otros eran unas pobres mujeres como las hermanas de la madre Laura. Ellas habían logrado, con un trabajo heroico y contra la oposición de la mayoría, establecer una misión en Daveiba. Al final fueron despojadas por los reverendos padres carmelitas.  Igualmente sufrieron la persecución del reverendo Siervo de Dios (¡) el obispo Builes por cuanto él deseaba fundar unas congregaciones misioneras “desde arriba” y para ello, las misioneras de la madre Laura, para ese entonces ya  queridas por los indígenas, le estorbaban.  Con engaños, este y otros prelados las traicionaron y manipularon. ¡Muchas veces ejercieron labor disociadora desde el confesionario! Fueron tantas las persecuciones  contra la pobre hermana que si su obra no hubiera sido de Dios con toda seguridad habría sucumbido y no hubiera hoy recibido ella el reconocimiento de santa. El obispo Builes, el mismo que declaró pecado el liberalismo, los bailes, que las mujeres usaran pantalones y montaran  a caballo a horcajadas, nunca la perdonó. Hoy debe estar revolcándose en su tumba al saber que ella fue quien terminó en los altares y él ha quedado ante el tribunal de la historia como un fanático y un neurótico.
Por algo la madre Laura no tuvo que luchar y fue para conseguir jóvenes que la siguieran. Continuamente niñas y jóvenes seguramente seducidas por su personalidad, por la pasión que la embargaba, querían sumarse a su congregación.  Me imagino que eso las atraía más que una vida mediocre y de sumisión, que era el destino de la mayoría de las mujeres casadas en esa época.
Su lema era: mi convento es la selva y la mula es mi celda. No fue amiga de ceremonias ni rituales. Encontró a Dios en la contemplación de la naturaleza.  El la premió con signos de su presencia haciendo que por su medio se lograran prodigios como la erradicación de una plaga de langostas y muchas curaciones.
¡Bendito sea Dios por la vida y obra de Santa Laura Montoya!


miércoles, 10 de abril de 2013

INTELECTUALES SIN TRABAJO


 

Hay muchos intelectuales sin trabajo y sin saber por qué.

Uno podría  tratar de  abrirse camino partiendo de cero, solo con sus ilusiones…lanzarse al vacío  esperando aprender a volar por el camino … y lo logra, o se estrella simplemente. Pero se necesita tener el corazón de un héroe.

También puede quedarse esperando un golpe de suerte, la lotería, un milagro…

De resto se trataría de conseguir un empleo.

No basta saber mucho o ser muy inteligente. Para conseguir un buen empleo, es necesario tener en cuenta que las empresas van por sus intereses. No contratarán a alguien a menos que estén seguros de que esta persona hará lo que ellas necesiten o quieren y no lo que a ellas les guste. Pero, alguien que haya estudiado una disciplina intelectual, generalmente ya en ese momento decidió que hace lo que le gusta a ella misma y no lo que le conviene en términos laborales que es lo que les gusta a otros,  o lo que otros necesitan…

Ahora, para conseguir lo que uno quiere, como por ejemplo, un empleo, es fundamental  proyectar una energía positiva. Conocerse a sí mismo y mantener un control sobre sus emociones de manera que siempre se proyecte una imagen de serenidad, optimismo, y amabilidad. Esta es la energía que atrae.

Es preferible mostrarse como alguien tolerante, modesto, de buen humor, dispuesto a aprender y a adaptarse, que como alguien superior.

La energía que repele, es la que proyecta negatividad, pesimismo, inseguridad…o soberbia y suficiencia.

En otros términos, la postura ante los otros debe ser la de yo estoy bien y los otros también están bien, no la de yo estoy bien y los demás están mal o la de yo estoy mal y los demás bien.

No importa tanto lo que uno sabe, los títulos ni nada de eso. Hay personas que solo dicen bobadas y sin embargo llegan muy lejos. Es que lo que no tienen en inteligencia o en intelectualidad o en lógica, lo tienen de sobra en inteligencia social y emocional.

Si bien la posición sana de entrada es yo estoy bien y los otros también, eso no significa que ni uno ni los otros tengamos que ser perfectos. Si uno es tolerante con los defectos de los demás y no se fustiga tampoco a sí mismo, seguramente recibirá esa misma comprensión y aceptación de los otros.

Si uno no es un genio en inteligencia emocional y social, debe comenzar por reconocerlo, porque las deficiencias se pueden manejar y se puede avanzar en el camino del éxito y la superación de problemas como la falta de dinero, el aislamiento social;  si uno reconoce que ahí está el problema.  Siempre se puede comenzar a trazar un camino para superar cualquier debilidad o falla. Se puede, pero es necesario partir de aceptar esta limitación y hacer un esfuerzo.

Todos tenemos la necesidad de integrarnos a la sociedad en el servicio a los demás, de hacer algo útil. Y de asegurar el dinero necesario para poder vivir dignamente atendiendo a necesidades básicas como el alimento, el vestido, la recreación, etc. Naturalmente si uno nació en una familia de plata, ya tiene asegurada su subsistencia y entonces puede darse el lujo de hacer lo que quiera, pero la mayoría tenemos que trabajar para poder vivir.

Una salida siempre es la profesión de maestro.

La labor del maestro tiene un impacto grandísimo en la sociedad y, ¿quienes mejor preparados que los intelectuales para asumir este compromiso? Además, siempre hay demanda de maestros sobre todo en ciudades y pueblos pequeños.

No es lo ideal, pero, no se puede cerrar la puerta a trabajos no calificados…Seguramente a quien ya está trabajando se le ofrecen más oportunidades de progreso que a quien se queda esperando por un trabajo mejor y sin hacer nada.

Lo que si habría que descartar es la actitud del avestruz: la negación.  O la tentación de echarle la culpa a cosas como el lugar donde estoy, la mala suerte, los otros…. eso no conduce a nada. Tenemos la obligación de hacer algo con el capital que se nos dio: la inteligencia, la salud, los conocimientos pocos o muchos, lo que sea.  Nuestra prioridad fundamental debería ser disfrutar la vida haciendo algo por nosotros mismos y por los demás.

Hablar con alguien de nuestros problemas es importante y es un desahogo, siempre y cuando no se convierta en la ocasión de reforzar nuestra convicción de que nada se puede hacer, o, en un intento desesperado por atraer un salvador … o alguien que nos solucione o tome las decisiones por nosotros. Es cierto que hablar con alguien nos puede ayudar a clarificar las situaciones que es el primer paso para encontrar una solución. Pero tenemos que preguntarnos primero si estamos dispuestos a aceptar en primer lugar que todo depende de nosotros y de nuestras propias decisiones y de nadie más.

La felicidad es el principal objetivo para cada momento de nuestras vidas, !para ya! , y no para un futuro inasible.  Pongamos todo sobre el tapete, busquemos la salida, rompamos esquemas, salgamos de círculos viciosos, ensayemos lo que habiamos descartado. No podemos quedarnos ahí mirando cómo se escapan los momentos preciosos de nuestra vida en cosas que no valen la pena como la amargura, la desesperanza, las quejas, la preocupación, el temor. Eso sería desperdiciar la vida, y recordemos, solo vivimos una vez.

 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Concepto de energía


 

Todo el mundo habla de la energía como todo el mundo habla del amor, entes ambos de los cuales lo único claro es que existen, que son omnipresentes e importantísimos… pero nadie sabe qué cosa son exactamente. Peor aún, a veces parecen denominar cosas totalmente distintas y contradictorias.

Enfoquémonos por el momento en la energía.

Si nos atenemos a la física, lugar natural de este ente inmaterial, aunque paradójicamente la mayor parte de los entes inmateriales están mejor ubicados en el terreno de  la metafísica; diremos que la energía es “la capacidad de hacer trabajo” y, a su vez, trabajo es la medida del cambio energético en una interacción puramente mecánica. Esto no aclara mucho y es problemático porque ya que el calor también es energía, y no todo el calor puede transformarse en trabajo (segunda ley de la termodinámica),  entonces, ¿ese pedazo de energía que no puede transformarse en trabajo, también es energía que es la capacidad de hacer trabajo? No parece lógico.  

En todo caso la energía es “algo” definitivamente medible y cuantificable, que se transforma pero cuya suma total permanece constante en los cambios: se conserva.

Algunos simplemente opinan que:

“El hamiltoniano es el operador correspondiente a la energía total del sistema. Es por lo general denotado por H, también Ȟ o Ĥ. Su espectro es el juego de resultados posibles de la energía total de un sistema. Guarda una estrecha relación con la evolución del tiempo de un sistema.” Lo cual, por supuesto no nos aclara nada.

En todo caso Feynman, físico connotado y persona muy normal,  opinó que en realidad “nadie sabe lo que es la energía”, dando testimonio con esta declaración, de una humildad y sentido común a toda prueba, características por lo demás poco comunes en el gremio de los grandes físicos.

Bueno, pasando al tema de la sicología perruna y/o humana, César Millán, conocido “encantador de perros”, opina, y tiene razón, que el problema de las relaciones entre perros y humanos es el problema de la energía de ambos, particularmente de la energía del ser humano que debería ser el líder, pero a veces declina el dominio de la relación en a favor del perro. Y este termina mandando en la casa. Yo creo que esta es una gran verdad y se puede extrapolar al dominio de las relaciones entre humanos, padres e hijos, parejas, amigos… Si uno tiene una “mala energía”, nadie se le acerca. Si tiene una "buena energía", atrae, domina, genera bienestar. ¿Cómo podríamos definir la energía en este dominio? Tal vez es algo que generamos en el ambiente, una perturbación del espacio, un campo… ¿Será el alma? ¿El espíritu?...

Para la medicina oriental la interacción entre el elemento Yin, cuerpo y el elemento Yang, espíritu, da lugar a la manifestación de la energía que es lo que caracteriza a los organismos vivos. Esta energía se manifiesta como

vida y salud.

 Dentro de este sistema, la enfermedad es un desequilibrio de energía. Además, en el cuerpo hay canales energéticos que son susceptibles de bloquearse y desbloquearse por ejemplo con agujas o puntos de presión. Es el principio de la acupuntura.

En síntesis, la energía es algo inmaterial, pero no metafísico, puesto que la física se ocupa de ella. Es algo que tiene que ver con la acción, con el cambio, con la vida, puesto que la vida es cambio y evolución. Es algo que tiene que ver con nuestra vida, nuestra salud y nuestras relaciones.

La energía fluye. De adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro de nosotros. Pasa del hombre al perro, del perro al hombre, de unos a otros…y, se transforma y crea nuevas realidades…

Cuando me baño en las mañanas siento sobre mi piel el calor del sol capturado por la hojas de helechos hace 300 millones de años… y el sol entrando por la ventana ilumina el ambiente hace brillar granos de polvo y pequeños insectos familiares… todo cambia y nada cambia...

¿Cómo cuantificar todo esto?... Por lo pronto termino pues debo ocuparme de pagar el recibo de la energía…

 

jueves, 1 de noviembre de 2012

¿SERÁ ESTA LA PREGUNTA?


 

¿Me suicido o no? Seguramente es lo que se han preguntado muchos y algunos han llegado a la conclusión de que era lo que debían hacer.  Pero, ¿será esta la pregunta?...

Hace unos meses me enteré del suicidio de un joven estudiante hijo de una amiga y compañera de trabajo de mi esposo. La noticia conmovió a todos los que la conocíamos, aún de lejos. A mí, particularmente me llevó a pensar que a cualquier padre o madre de familia  le puede pasar algo así… la muerte inesperada de su hijo o hija  por una decisión incomprensible. Qué sentimiento de culpa, de fracaso podemos prever que nos abrumarían…pero, ¿es realmente el suicidio algo absolutamente malo, absurdo, inaceptable? O, ¿acaso hay algo razonable, incluso valioso en el hecho de que alguien decida no vivir más y lleve a cabo una serie de actos que lo lleven precisamente a esa situación que la mayoría, la mayor parte del tiempo queremos mantener alejada?

La muerte normalmente nos espanta, tanto que evitamos pensar en ella.  Hoy día la mayor parte de la gente piensa y actúa como si nunca se fuera a morir.
Para mucha gente es ajena la inquietud de para qué están aquí.  Si alguna vez, en un momento de lucidez, se les cruza por la mente la pregunta de quiénes son realmente,  la evaden y  se refugian en la costumbre, la necesidad de sobrevivir, las compulsiones, o la obediencia a alguien que ofrezca soluciones fáciles y que no los saque de la comodidad de lo ya conocido.  Vivir por inercia, vivir sin ser conscientes, entregar la libertad, que otros escriban la historia es pasar sin dejar huella, no trascender lo natural…como otro animal más.  Aunque es posible que la libertad vuelva por sus fueros, se agazape en el inconsciente y al cabo, la vida no carezca de originalidad.


Algunos se preparan siguiendo el consejo de los místicos:
"Muere ahora, antes de morir, para que no tengas que sufrir la muerte cuando mueras; muere ahora, antes de morir, para poder no morir cuando mueras" Angelus Silesius. O, ensalzan la muerte:  Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero, que muero porque no muero.” Teresa de Avila.
Otros nos ilusionamos por entender, por pensar, por forjar nuestro destino bajo el sol… Como Cohelet, tampoco vamos muy lejos:
“He observado cuanto sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y atrapar vientos.
Lo torcido no puede enderezarse, lo que falta no se puede contar.
Me dije en mi corazón: Tengo una sabiduría grande y extensa, mayor que la de todos mis predecesores en Jerusalén; mi corazón ha contemplado mucha sabiduría y ciencia.
He aplicado mi corazón a conocer la sabiduría, y también a conocer la locura y la necedad, he
comprendido que aun esto mismo es atrapar vientos, pues donde abunda sabiduría, abundan penas, y quien acumula acumula ciencia, acumula dolor.”
Eclesiastés 1
Siempre me ha intrigado que en la Biblia, la máxima expresión de sabiduría es calcular el número de años que le quedan a uno:

“Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.


¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato. “


Salmo 89

Enséñanos a calcular nuestros años…pero, ¿para qué querría yo saber cuántos años me quedan? Pues para terminar bien el relato, dar las últimas precisas pinceladas al cuadro y no dejar la novela inconclusa. Pero puede ser que alguien en algún momento caiga en cuenta de que ya terminó el cuadro y que no hay más que hacer…entonces, ¿no sería razonable poner el punto final?
La biología ha descubierto que la muerte de cada célula y de cada organismo viene programada genéticamente: todas nuestras células portan un gen“suicida”, fijando así la duración de su existencia…Solo las células malignas han perdido la capacidad de morir…
Nadie vive más de un cierto número de años, pero la medicina y las ciencias de la salud permiten de alguna manera “decidir” si uno quiere vivir más o menos dependiendo de si uno está dispuesto a cuidarse, hacerse los exámenes, tratamientos, cirugías, etc etc que tenga a mano. Incluso puede dedicarse solo a esto, a complicar la dieta con alimentos orgánicos , vegetarianos, macrobióticos, frescos…a hacer gimnasia, terapias, ejercicios… el tiempo puede no alcanzar sino para esto, en especial para una persona mayor… entonces… se vive, pero se vive para vivir…¿no será esto un sinsentido? La vida consiste en
elegir hacer algo y agotar la vida en ello. El trabajo, el gastarse en el servicio, en la tarea creadora son también en el fondo actos suicidas porque en ellos se nos va el tiempo que tenemos.


Incluso actos fútiles como fumar un cigarrillo o cruzar una calle, pueden ser actos que me lleven a perder la vida y esto hace que en el fondo, cada decisión que se toma es una decisión de vida o muerte.Quizá pudiéramos concluir que, en mayor o menor medida, consciente o inconscientemente todos somos suicidas.



 
 

 

 

miércoles, 10 de octubre de 2012

El reto de la libertad


 

Al comienzo el reto fue el de actuar según mi propio criterio en contra de lo acostumbrado. El de pensar por mi cuenta y decidir cómo quería vivir. Cada pequeña cosa, desde el vestido, la comida, qué gustar y qué no gustar. A qué apuntarle y a que no. Claro que decidir por algo no necesariamente era tenerlo, sino luchar por ello.

Hay un conflicto evidente entre la noción de libertad como algo positivo, en realidad como la condición necesaria del hombre, y la noción de pecado según el mito bíblico de Adán y Eva. Dice Erich Fromm:

“El mito identifica el comienzo de la historia humana como un acto de elección, pero acentúa singularmente el carácter pecaminoso de ese primer acto libre y el sufrimiento que origina. Hombre y mujer viven en el jardín edénico en completa armonía entre sí y  con la naturaleza. Hay paz y no existe la necesidad de trabajar; tampoco de elegir entre alternativas; no hay libertad ni tampoco pensamiento. Le está prohibido al hombre comer del árbol de la ciencia del bien y del mal: pero obra contra la orden divina, rompe y supera el estado de armonía con la naturaleza de la que forma parte sin trascenderla. Desde el punto de vista de la Iglesia, que representa la autoridad, este hecho constituye fundamentalmente un pecado. Pero desde el punto de vista del hombre se trata del comienzo de la libertad humana. Obrar contra las órdenes de Dios significa libertarse de la coerción, emerger de la existencia inconsciente de la vida prehumana para elevarse al nivel humano. Obrar contra el mandamiento de la autoridad, cometer el pecado es, en su aspecto positivo, el primer acto de libertad, es decir, el primer acto humano.” E. F. Miedo a la Libertad

 Pues bien, a pesar de vivir en un contexto donde la religión católica forma parte de la cultura, al menos en sus aspectos formales, acepté la libertad y con ella el pecado… y a Dios…y  así esta contradicción pasó a ser el núcleo fundamental de mi vida interior. No deja de ser curioso que quienes aceptan sin problemas la contradicción en la física con la mecánica cuántica y la dualidad onda partícula, no la acepten en la metafísica…pero en fin, a mí, como cosa rara, me quedó más fácil esto último.

Creí en el valor de experimentar algunas cosas. Tuve  la posibilidad de hacerlas para decidir si me gustaban o no, si valían la pena o no. Opciones cerradas desde el comienzo, porque son un mal evidente, siempre hubo y las habrá.  La primera de las decisiones fue por la vida y la felicidad. Y por la libertad de pensamiento.

Pero la vida se encarga de, una vez trazado el camino y puesto en marcha el tren, colgarle a uno las cadenas de la inercia.  Hay que llegar al final, cumplir esa primera meta: trabajar, asegurar la supervivencia, fundar una familia, poner los hijos también sobre los rieles y darles el primer empujón. Y luego…la libertad absoluta del pensionado.

Se ve uno lanzado a la libertad. Sin obligaciones, sin rutina, debe inventarse la vida desde cero. ¿Quién es uno al fin y al cabo? ¿Qué quiere hacer? Porque solo por un tiempo puede uno saborear la sensación de no tener nada que hacer, de poderse quedar mirando al cielo, de salir a vagabundear por ahí, sin rumbo. Porque al fin y al cabo hay que escribir nuevamente una historia, un nuevo capítulo, quizás el último y más significativo de la vida, el que va a dar el toque final y nos lanzará a la eternidad.

Ahí voy trazando el rumbo, haciendo inventarios, calculando tiempos y diseñando sueños, aventuras, bebiendo la copa de la vida siempre nueva. Pero por otra parte, no dejo de sentir que:

“ Hay tan solo una solución creadora posible que pueda fundamentar las relaciones entre el hombre individualizado y el mundo: su solidaridad activa con todos los hombres, y su actividad, trabajo y amor espontáneos, capaces de volverlo a unir con el mundo, no ya por medio de los vínculos primarios, sino salvando su carácter de individuo libre e independiente. Por otra parte, si las condiciones económicas, sociales y políticas de las que depende todo el proceso de individuación humana, no ofrecen una base para la realización de la individualidad, en tanto que, al propio tiempo se priva a los individuos de aquellos vínculos que le otorgaban seguridad, la libertad se transforma en una carga insoportable”. 

Me siento como Adán, poniéndole nombre a todo. Buscando como una náufraga alguien con quien compartir esta nueva creación. Un interlocutor como ese muñeco Wilson, cabeza de balón de volibol, único amigo de Tom Hanks en la película El náufrago.

Él, Tom Hanks, en el inmenso océano, yo en el medio de las multitudes que avanzan por la acera de la calle 72 en Bogotá, Colombia. Y no deja de darme miedo. Es el miedo a la libertad.

Perdida entre la marea humana, consciente de las fuerzas irracionales e inconscientes que determinan parte de mi propia conducta como la de todos… sin nada a qué aferrarme, sin un puerto a la vista, ¿cómo podría no tener miedo?

 Por eso escribo este blog con el que lanzo, como en un papelito en una botella,  un grito desesperado: !aquí estoy yo!

 

 

 

viernes, 10 de agosto de 2012

Pensar bien




En dos sentidos creo que es importante pensar bien.

El primero consiste en pensar desde la realidad y no desde el deseo. Hacer proyectos y actuar aceptando las cosas como son realmente y no como me convendría que fueran.

Uno tiene que adaptarse al mundo tal como es, incluso aceptar que uno forma parte de esa realidad que hay que cambiar, para, desde ella misma, cambiarla en la media de lo posible. No conduce a nada cerrar los ojos y actuar como si las cosas ya fueran de otra manera y no como realmente son. Hay que conocer el mundo y, sobre todo, conocerse uno mismo.

Me refiero a la realidad objetiva, la que podemos conocer mirando, escuchando y experimentando. Y más vale que miremos, escuchemos y experimentemos.

Para lo que se nos oculta, lo que no podemos ver, debemos suponer algo, y, en este caso, lo mejor es ser optimistas y suponer y esperar lo bueno y no lo malo.

Por ejemplo, no tenemos la absoluta seguridad de que mañana va a salir el sol nuevamente o si un cataclismo cósmico inesperado ocurrirá. Pero, en la práctica,  lo mejor es suponer que va haber otro día.

Quizás en una semana voy a morir, pero lo mejor es suponer que no, y no gastarme el sueldo de un mes en una semana…

En otro sentido, hace uno más atribuyendo a los demás sentimientos e intenciones positivas que suponiendo lo peor. Se ha hecho experimentos donde a un maestro se le dice que algunos niños tienen una inteligencia superior y luego se observa que esos niños precisamente, se desempeñan mejor que los otros, aunque en realidad no tenían nada de especial.

Cuando se le dice a un niño que es desordenado, o perezoso, lo volvemos desordenado o perezoso.

En términos generales, de la gente uno obtiene aquello que espera…

En otras palabras, pensar bien no es forzar la realidad para acomodarla a lo que queremos, sino aceptar que todo no depende de nosotros.  Estamos en las manos de Dios y muchas cosas que hoy no entendemos, cobrarán sentido cuando superemos esta realidad terrena…hay un más allá y es nuestro destino inexorable.

Si lo que nos proponemos está en el plan de Dios y es nuestra misión, Él nos dará fuerzas como se las dio a Elías cuando se acostó a morir debajo de la retama.

No somos ni ángeles ni demonios, somos simplemente humanos…